Que nadie se haga ilusiones.
Angela Merkel no ha cambiado de idea ni se ha apiadado de los pobres españoles. Si uno lee con atención
la entrevista concedida al Leipziger Volkszeitung verá que la canciller no ha modificado apenas su postura. “El Pacto Fiscal no se va a renegociar” es el gran titular y, después, cuando se le pregunta sobre los “impulsos al crecimiento” que propone
Hollande, ella responde lo que ya todos sabemos: “
Existen en la Unión Europea desde el año pasado. Los hemos tratado ya en varios Consejos Europeos y estamos preparando para el Consejo de junio una agenda de crecimiento”.
No hay nada nuevo en estas afirmaciones de Merkel ni ningún elemento inédito. ¿Cuántas veces se ha hablado de Crecimiento con o sin Pacto en la Unión Europea? Ya en la visita de
Mario Monti a Berlín, a principios de año, se abordó -como hace Merkel en la entrevista- un mejor uso de los fondos estructurales de la Unión para ayudar a las medianas empresas, y también que el Banco Europeo de Inversiones ampliara su campo de actuación. Los resultados están a la vista. Estas mismas ideas han sido también utilizadas en las últimas semanas por otros líderes europeos y, de hecho, es un tema viejo y manido. El Pacto de Crecimiento como tal fue una idea original de
Jacques Delors, incluída posteriormente en el Pacto de Estabilidad que dio origen al euro en la década de los noventa. Es evidente que la Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones se han dormido en los laureles, porque son ellos a quienes los Jefes de Estado y de Gobierno les encargaron poner en marcha esos “impulsos de crecimiento” en la última década.
Probablemente, Merkel quiere diseñar un Pacto de Crecimiento a su medida; es decir,
que no cueste un euro y que a ella no le cree problemas ni con sus socios de coalición liberales (que ya han dicho ‘no’),
ni con el Bundestag ni con el Tribunal Constitucional. Y mientras unos y otros hablan retóricamente, como en casi todas pre-Cumbres Europeas, acerca de esos estímulos al crecimiento que resultan inmediatamente olvidados y archivados, pasamos a otros temas que son los que realmente preocupan, al menos en Berlín. La
Brunete mediática alemana ya está al acecho. Ejemplos: ayer el
Frankfurter Allgemeine Zeitung, página 11: “Algunos políticos quieren hacer creer a la gente que con eurobonos para financiar autopistas que no conducen a ningún sitio se pueden crear puestos de trabajo duraderos”. Otro, en el
Süddeutsche Zeitung: “Un crecimiento duradero no se puede crear de manera artificial, sino que tiene que surgir orgánicamente...
ningún programa de crecimiento puede disimular el hecho de que en España hay demasiadas empresas de construcción y en Irlanda demasiados bancos… Estos sectores deben de reducirse de manera drástica, por muy doloroso que sea para sus trabajadores”.
Merkel quiere diseñar un Pacto de Crecimiento a su medida; es decir, que no cueste un euro y que a ella no le cree problemas ni con sus socios de coalición liberales (que ya han dicho ‘no’), ni con el Bundestag ni con el Tribunal Constitucional.
Merkel no moverá ficha a no ser que se vea muy presionada
La canciller no va a dar su brazo a torcer a no ser que las cosas se le pongan realmente mal en casa.
Y los socialdemócratas parece que quieren guerra. Aún no han decidido quién va a ser el que se enfrentará a Merkel en las próximas elecciones, pero sí quieren arrinconarla amenazando con aplazar la votación del Pacto Fiscal que está prevista para finales de mayo. Exigen no sólo un compromiso mucho más firme sobre el Pacto de Crecimiento, sino que se vuelva a introducir en el debate europeo el impuesto de transacciones financieras al que se oponen firmemente Gran Bretaña y Suecia y, en menor medida, Luxemburgo y Holanda.
Merkel necesita lograr dos tercios de los diputados para sacar adelante su Pacto Fiscal -es decir, precisa los votos del SPD y de los Verdes- y debe aclarar cuanto antes qué es lo que Francia estaría dispuesta a aceptar en su amado proyecto. Las cosas han cambiado y la primera ministra alemana va a tener que echar mano de sus mejores dotes diplomáticas con el nuevo ocupante del Elíseo. Muy probablemente antes del Consejo Europeo de junio ya habrá mantenido uno o tal vez varios encuentros con
Hollande, al que no ha querido ni ver ni hablar hasta ahora. En la antes mencionada entrevista con el
Leipziger Volkszeitung, Merkel afirmaba que tanto Sarkozy como Hollande son dos
proeuropeos y daba a entender que un presidente francés y un canciller alemán pueden trabajar bien, porque se trata de una responsabilidad política mutua. O sea, que ya ha entendido que hay que tender puentes...
Así pues,
será el dúo Merkollande el que definirá ese Pacto de Crecimiento, que será el enésimo desde que la Unión Europea existe. Está claro que no será fácil, y está claro también que costará dinero. Otra cosa es que Merkel no lo pueda decir abiertamente porque tiene dos elecciones regionales a la vista. Y, también, porque ha perdido la costumbre de que alguien en Europa le diga, sencillamente, no.