El banco malo ha sido concebido como el remedio que necesita el sector financiero para desvincularse de los riesgos excesivos que asumió en el sector inmobiliario durante los años de bonanza. Sin embargo, algunos expertos alertan de que la medicina diseñada por el Gobierno podría tener efectos contraproducentes para los bancos sanos.
Aunque aún no está clara la vinculación que las grandes entidades asumirán en el banco malo -BBVA ha llegado a decir que no está interesada -, algunas fuentes aseguran que el Gobierno quiere que los tres grandes del sector participen con 1.500 millones de euros de capital (500 millones para Santander, otros 500 para BBVA y la misma cifra para Caixabank).
Un reciente informe de RBS ampliaba la aportación de los tres grandes bancos hasta el 30% de la sociedad, aunque en capital sólo tendrían que aportar unos 2.160 millones (el equivalente al 1,11% del capital core tier 1 del Santander, el 2% del BBVA y el 4% del Caixabank). El resto se aportaría mediante instrumentos de deuda.
Para RBS, esta participación podría “poner en riesgo la fortaleza de los grandes bancos” y provocar una mayor interrelación entre la crisis de la deuda soberana y la crisis bancaria, que es precisamente uno de los círculos viciosos que los distintos observadores internacionales han denunciado y consideran muy importante romper.
“Es imperativo para España que el banco malo sea capaz de atraer más capital privado extranjero para reducir el nexo entre el riesgo soberano y el bancario y frenar la transferencia de activos de riesgo a los bancos buenos”, dice un documento difundido recientemente por RBS.



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